15.9.10

Columna bicentenaria de Sarmiento

Jaque Mate
15 Sep. 10

"Nuestra pobreza puede medirse por el número y la suntuosidad de nuestras fiestas populares".
Octavio Paz

Si alguna ciudad en el país tiene buenas instalaciones para la realización de conciertos o festejos es el Distrito Federal. Contamos para actos masivos con el Foro Sol, el Estadio Azteca, la Plaza México, el Estadio Azul, el Palacio de los Deportes, el Auditorio Nacional y la Sala Nezahualcóyotl, entre otros. Además hay foros más pequeños, como el Teatro de la Ciudad, el Teatro Metropólitan y muchos otros. Sin embargo, el gobierno federal ha preferido cerrar el corredor Paseo de la Reforma-Centro Histórico, con pérdidas multimillonarias y molestias enormes para residentes y trabajadores, con el fin de llevar a cabo los dispendiosos conciertos y festejos del Bicentenario.
Lo peor de todo es que, como lo ha señalado Elías Miguel Moreno Brizuela, secretario de Protección Civil del Distrito Federal, éste es "un evento más para la televisión". Por eso las autoridades están pidiendo a la gente que no acuda al centro a participar en los festejos sino que mejor se queden en casa viendo todo por televisión.
Si permanece en casa, sin embargo, la gente tendrá dificultades hasta para hacer un brindis. Ayer la Gaceta Oficial del Distrito Federal anunció restricciones a la venta de bebidas alcohólicas desde las 00:00 horas del 15 de septiembre hasta las 24:00 horas del 17. ¡Tres días completos de ley seca en un festejo! Esta restricción no se aplica a la venta de bebidas alcohólicas en cantinas, restaurantes, bares o cines; solamente está prohibida la venta de bebidas en envases cerrados en supermercados y tiendas. En otras palabras, las autoridades no quieren que la gente beba en casa, pero a casa la están mandando a ver los festejos a pesar de haber cerrado una parte muy importante de la Ciudad de México.
Esta celebración tiene poco de nacionalista. El gobierno federal no sólo está gastando una cantidad extraordinaria, de cuando menos 3 mil millones de pesos, sino que además ha mostrado un inaceptable malinchismo en la asignación de este gasto. Si para algo somos buenos los mexicanos es para tronar cohetes, pero los organizadores del festejo han preferido contratar a un francés, Christophe Berthonneau, para los fuegos pirotécnicos de la noche del 15. El espectáculo de luz y sonido en el Zócalo no lo llevará a cabo ninguna de las empresas mexicanas que se dedican a esta actividad, sino la de Ric Birch, un australiano radicado en Milán, Italia.
Por lo menos la vajilla de la cena del 15 en Palacio Nacional sí será mexicana. Se trata de un juego de Talavera de Puebla con diseño de Katia Ramírez Romero y un costo de un millón 881 mil pesos.
Toda la fiesta parece hecha, en efecto, para el goce y disfrute de unos cuantos políticos y funcionarios. Los ciudadanos, que pagamos los costos, no estamos invitados. Se nos pide más bien permanecer en casa para ver la celebración por televisión. Pero entonces habría sido mejor hacerla sin ningún problema en un estudio o auditorio.
Es una lástima porque pudimos haber utilizado este Bicentenario para reflexionar sobre nuestra historia y sobre nuestro futuro. La idea de regalar 27 millones de volúmenes de Viaje por la historia de México de Luis González y González, uno para cada hogar en el país, era quizá la parte más valiosa del festejo y una de las menos costosas. Pero tengo dudas acerca de la eficacia de este reparto de libros. Yo por mi parte no he recibido mi ejemplar, ni tampoco casi nadie que conozco.

ADDENDUM: YO TAMPOCO SÉ O CONOZCO A NADIE QUE HAYA RECIBIDO BANDERITA O LIBRO. USTEDES???

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